Ranas Hervidas

Mi hermana me contó una historia. Viajaba por el metro y dentro de los vagones unos niños de la calle jugaban atrapadas y usaban a los usuarios del metro como bases para salvación. Uno de ellos señalaría a alguien dentro del vagón y todos ellos correrían y tocarían al extraño para salvarse. Uno de los niños señalo a un hombre y cuando uno de los niños corrió y abrazo al extraño este lo empujó, el pequeño niño perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer. Todos en el vagón lo vieron. Otro niño señalo otra “base” y el niño que había sido empujado corrió y abrazo a la nueva basa, un joven, cuando el niño corrió y lo abrazo el joven lo abrazo fuerte, como si el niño de la calle fuera un ser muy querido para él. Cuando mi hermana termino de contarme su historia me comento que le habían dado ganas de llorar, y entiendo porque. Yo también mientras escribo e imagino esto no puedo evitar sonreír.

Hay muchas cosas malas ocurriendo allá afuera, en la calle, en otros estados y en otros países. Siempre ha sido así supongo. Gente mure en todas partes, crímenes suceden, la violencia nos inunda y hemos aprendido a soportarlo, a vivir con miedo. Vemos y escuchamos como miles mueren y nos encojemos de hombros, son desconocidos para nosotros. Endurecemos nuestros corazones, segamos nuestros ojos y silenciamos nuestros oídos, nos deshumanizamos e ignoramos los gritos de agonía que suplican por nuestra ayuda. Somos ranas hervidas y pronto será demasiado tarde para saltar fuera de la olla.

Esperamos por un cambio que jamás sucederá, a que llegue el 2012 y todo sea mejor, que el candidato cambie el mundo, que llegue el mesías, que bajen los cuatro jinetes, un diluvio. Nada eso cambiara nada si no cambiamos desde adentro. Hasta que dejemos de preocuparnos por nosotros mismos y empecemos a preocuparnos más por lo demás, a dejar de ser individuos y seamos una sociedad, dejemos de querer más y pensemos como dar más, dejemos de ser lo que se espera de nosotros y empecemos ser lo que se necesita de nosotros en verdad.