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Mis papás me contaron una historia una ves. Caminábamos dentro de alguna plaza comercial, (no recuerdo cual, tomas me parecen iguales) yo era aún pequeño, tres o cuatro años a lo mucho. Mi mamá me llevaba tomado de una mano y yo, en la otra, sostenía una bolsa con alguna cosa dentro. Caminábamos felizmente dentro de esa plaza y en algún lugar de esa plaza, yo podía escuchar un ruido robotico, electrónico; Fuera de este mundo. Al pararme frente del establecimiento fue como el mítico “rabbit hole” de Alicia. Un portal hacía un mundo desconocido, lleno de reglas diferentes y abstractas. Colores y sonidos, emociones y pasión. Solté la mano de mi madre, deje caer la bolsa y caminé, solo sin importarme haber dejado la seguridad que mi mamá me brindaba. Ahora se que lo que vi en ese entonces, y aún llego a recordar vagamente, era un establecimiento de maquinitas (arcades, como les dicen estos días).
Desde que tengo memoria siempre me han gustado los videojuegos, no soy muy bueno en ellos, pero eso nunca me ha importado. Mucha gente los ve como un desperdicio de tiempo, y en muchas ocasiones lo son. Limitan nuestras vidas reales con vidas cibernéticas en las que los logros que llegamos a alcanzar tienen muy poca importancia en la vida real (Seria interesante descubrir las diferencias, a parte de las obvias, entre la vida real y la cibernética. Sigue siendo una simulación de la vida real, pero los logros y progresos siguen sustituyendo a los de la vida real y siguen satisfaciendo a la gente). No soy un “gamer” de hueso colorado, y es muy poco probable que lo sea. Conforme pasan los años cada vez me siento más satisfaciendo con mí mismo y mis deseos de progresar se alinean cada vez más con lo que la sociedad requiere de mí y no con lo que yo requiero de ella. Yo no veo a los videojuegos como una perdida de tiempo, si se tiene un balance de ellos en la vida. Hay gente que está obsesionada con hacer ejercicio (lo que es mejor visto pues se supone que mantienen su cuerpo sano, pero en realidad atrofian sus cuerpos sometiéndolos a jornadas ridículas en las que “si no duele no sirve”) Obsesionada con los juegos de azar (donde llegan a perder todas sus posesiones). Todos estos entretenimientos están bien. Jugar con tu consola no te va a pudrir el cerebro, hacer ejercicio no te va a atrofiar, salir a jugar poker o black jack con tus amigos no te va a hacer pobre. Lo que afecta y destruye son las obsesiones, los vicios y adicciones. Debe de haber un balance en las vidas de las personas, no solo con el entretenimiento sino también con el trabajo, todos esos “workaholics” que tienen una adicción al no descanso.
El entretenimiento y el trabajo son las cosas que nos mantienen cuerdos y sanos, un poco más de uno o de otro nos desbalancean y nos hacen daño. Es importante saber cuando descansar y relajarse, darte tiempo para hacer cosas que en realidad te gustan y te llenan, para cuando llegue el momento de trabajar podamos hacerlo con mentes claras y felices.