Rubáiyát

I
Todos saben que jamás murmuré una oración.
Todos saben también que jamás traté de disimular mis defectos.
Ignoro si existen una Justicia y una Misericordia.
Si las hay, estoy en paz, porque siempre fui sincero.
V
Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy.
Toma un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna
y bebe pensando en que mañana
quizá la luna te busque inútilmente.
VIII
Confórmate en este mundo con pocos amigos.
No busques propiciar la simpatía que alguien te inspiró
Antes de estrechar la mano de un hombre,
piensa si ella no ha de golpearte un día.
X
¡Cuan pobre el corazón que no sabe amar,
que no puede embriagarse de amor! Si no amas,
¿Cómo te explicas la luz enceguecedora del sol
y la más leve claridad que trae la luna.
XI
Toda mi juventud retoña hoy.¡Sírveme vino!
No importa cuál…¡No soy exigente!
En verdad, al mejor lo encontraré
tan amargo como la vida.
XII
Sabes que no tienes poder sobre tu destino.
Por qué esa incertidumbre del mañana ha de causarte miedo?
Si eres sabio, goza del momento presente.
El porvenir? qué te puede traer el porvenir?
XV
Más allá de los límites de la Tierra, más allá del límite Infinito,
buscaba yo el Cielo y el Infierno.
Pero una voz severa me advirtió:
“El Cielo y el Infierno están en ti.”
XVIII
¿Insistiré aún en colmar de piedras el Océano?
Solo desprecio siento por los libertinos y los devotos. Khayyám:
¿Quién puede afirmarte que irás al Cielo o al Infierno? Ante todo: ¿Qué entenderemos por tales palabras?
¿Conoces a alguien que haya visitado estas regiones misteriosas?
XXI
¿Cuándo nací?¿Cuándo moriré?
Nadie recuerda el día de su nacimiento ni es capaz de prever el de su muerte.
¡Ven dócil bienamada!
Quiero olvidar en la embriaguez el dolor de nuestra ignorancia.
XXVI
El mundo inabarcable: Un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia del hombre: Las palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de siete climas son sombras.
La Nada es el fruto de tu constante meditación.
XXVIII
Convéncete bien de esto: Un día tu alma dejará el cuerpo
y serás arrastrado tras un velo fluctuante entre el mundo y lo incognoscible.
Mientras esperas ¡sé feliz!.
No sabes cuál es tu origen e ignoras cuál es tu destino.
XXX
Me dijo el corazón: ” Quiero conocer, quiero aprender.
¡Instrúyeme tú Khayyám, que tanto has estudiado!”
Al pronunciar la primera letra del alfabeto, me replicó el corazón:
“Ahora ya sé, Uno es la primera cifra del número que nunca tiene fin.
XXXIII
En la feria que atraviesas, no procures encontrar algún amigo.
Tampoco busques sólido refugio.
Con ánimo valiente, acepta el dolor sin la esperanza de un remedio inexistente.
Sonríe ante la desgracia y no le pidas a nadie que te sonría: perderás el tiempo.
XLI
Renuncia a la recompensa que merecías. Sé feliz.
No te lamentes por nada. No anheles nada.
Lo que te ha de suceder,
escrito está en el Libro que hojea al azar el viento de la Eternidad.
XLIV
¡Bebe vino!
Largo será el tiempo que habrás de dormir
bajo tierra sin compañía de mujer y sin amigo.
Oye este secreto: Los tulipanes secos ya no resucitan.
L
Ví ayer a un alfarero trabajando.
Modelaba los flancos y las asas de un cántaro.
El barro amasado eran
cráneos de sultanes y manos de mendigos.
LII
Si sembraste en tu corazón la semilla del Amor,
no fue inútil tu vida.
Tampoco si intentaste escuchar la voz de Dios.
Y menos aún, si con sonrisa ligera ofrendaste al placer tu cáliz.
LIX
Mi nacimiento no trajo ningún bien al mundo.
Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza.
Nadie pudo jamás explicarme para qué he venido,
ni por qué he venido ni por qué me iré.
XIV
Siéntate y bebe:
gozarás de la felicidad que Mamhud no conoció. Escucha los armónicos laúdes de los amantes: son los verdaderos salmos de David.
No te abismes en el pasado ni te angusties por el futuro.
Que tu pensamiento no vaya más allá de lo presente. He aquí el secreto de la paz.
LXVII
No tengo miedo a la muerte.
Prefiero este hecho ineluctable al que me impusieron el día que nací.
¿Qué es la vida?
Un bien que yo no elegí y que devolveré con indiferencia.
LXXII
Un poco de pan, un poco de agua fresca
La sombra de un árbol y tus ojos.
Ningún sultán más feliz que yo.
Ningún mendigo más triste que yo.
LXXVI
Se habla de un Creador , que creó a los seres para destruirlos
¿Por qué los feos? ¿Por qué los hermosos?
¿Quién es el responsable de estas diferencias?
No sé nada, no comprendo nada…
LXXVII
Todos los seres tratan de recorrer el camino del conocimiento:
Aún lo buscan unos; otros afirman que ya lo encontraron.
Sin embargo, aún no se ha levantado la voz que un día clamará:
“No hay camino; no hay sendero”.
LXXXVII
Hace tiempo que mi juventud yace entre las cosas muertas.
Primavera de mi vida; te pierdes hoy donde se pierden las pasada primaveras.
¡Oh juventud; partiste inadvertida!
Partiste como día a día se debilita el dulzor de primavera
LXXXIX
Buscar la paz en este mundo es una locura.
Creer en el reposo eterno, también.
Después de muerto, breve será tu sueño:
renacerás en el césped que todos pisotean o en la flor que el sol marchita.
XCI
Certezas y dudas, error y verdad
palabras vacías como burbujas.
Irisada u opaca,
ésta burbuja es la imagen de la vida.
XCV
A nadie le pedí la vida.
Me esfuerzo por aceptar sin júbilo y sin rabia, lo que la vida ofrece.
Partiré sin preguntar al prójimo
sobre mi extraña permanencia en este mundo.
C
No ansío saber donde podré adquirir el manto de la Astucia y la Mentira.
Ando siempre en busca de buen vino. Blanco es mi cabello.
Tengo setenta años. Me aferro hoy a la ocasión de ser feliz.
Mañana tal vez me falten las fuerzas.
CI
¿Donde están nuestros amigos?
¿Los derribó y pisoteó la Muerte? ¿Dónde están?
Oigo aún sus báquicas cantigas.
¿Están muertos o están ebrios de haber vivido?
CII
Cuando muera habrán muerto las rosas, los cipreses, los sabios bermejos y el vino perfumado.
No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías.
El mundo habrá dejado de existir.
El mundo es real; sólo en función del pensamiento.
CXI
¿Temes lo que pueda ocurrirte mañana? Ten confianza.
De otro modo; el infortunio no dejará de justificar tus aprensiones.
No te adhieras a nada. No interrogues los libros ni a tu prójimo.
Nuestro destino es incierto. Indescifrable.
CXXVIII
Cierra tu Corán. Piensa en libertad y encara sin miedo el cielo y la tierra.
Al pobre que pasa, entrégale la mitad de lo que posees.
Perdona a todos los culpables.
No entristezcas a nadie y escóndete cuando sientas deseo de sonreír.
CXXX
Escucha: Si este mundo no es más que una ilusión.¿Por qué te angustias?
¿Por qué piensas día y noche en tu miserable estado?
Abandona tu alma a la fantasía de las horas. Escrito está en tu destino.
Ningún borrón será capaz de corregirlo.
CXXXV
Si estás ebrio, Khayyám , eres feliz.
Si contemplas a tu bienamada de rosadas mejillas, eres feliz.
Si sueñas que no existes, eres feliz,
porque la muerte es igual a la nada.
CXLII
En el verde prado, la sombra de este árbol parece una isla.
Caminante: detén tu paso.
Entre la ruta que llevas y esta sombra que gira con lentitud
hay quizás un infranqueable abismo.
CXLVII
Cuando te tambalees bajo el peso del dolor, y cuando agotes el manantial del llanto,
piensa en las silvestres yerbas que la lluvia como espejo bruñe.
Cuando te exaspere el resplandor del día, y cuando anheles que una noche eterna se abata sobre el mundo,
piensa en el despertar de un niño.
CL
Mucho aprendí y mucho olvidé también por propia voluntad. En mi memoria, cada cosa ocupaba su lugar.
Así, lo que estaba a la derecha no podía pasar a la izquierda.
Sólo conocí la tranquilidad el día que repudié todo con desprecio.
Comprendí al cabo que no es posible afirmar ni negar nada.
CLV
Ebrio o sediento, sólo quiero dormir. Renuncio a saber
lo que es el bien y lo que es el mal.
Para mí, el placer y el dolor son semejantes. Cuando llega un placer,
le brindo lugar modesto porque sé que un dolor le sigue.
CLVII
Mira a tu alrededor. No verás más que aflicciones, desesperación y angustia.
Tus mejores amigos fallecieron. La tristeza es tu sola compañera.
Pero, ¡yergue la frente! Y abre las manos para coger lo que deseas
y los que puedas lograr. ¡Sepulta el cadáver de tu pasado!
CLXII
Sólo te fijas en las apariencias de los seres y las cosas.
Tienes idea de tu ignorancia, pero te niegas a renunciar al amor.
Recuerda Dios creó el amor,
lo mismo que creó ciertas plantas venenosas.
CLXIII
¿Eres infeliz? Si dejas de pensar en tu dolor ; ya no sufrirás.
Si es inmensa tu pena, evoca los seres que tan injustamente sufrieron
desde la creación del mundo. Elige una mujer de albos senos y cuídate de amarla.
Que ella a su vez, sea incapaz de amarte.
CLXX
Laúdes, cálices y perfumes , bucles y ojos color de almendra ,
juguetes que el tiempo pudre ; juguetes.
Austeridad, labor y meditación , soledad , oración y renunciamiento
Cenizas que el tiempo disemina. Cenizas.